Con una significativa liturgia presidida por el capellán del establecimiento, Padre Giglio Linfati, nuestra comunidad educativa conmemoró ayer la llegada de las Hermanas de la Providencia a Chile y recordó el profundo legado espiritual, educativo y social que esta congregación ha entregado a generaciones de estudiantes a lo largo de más de un siglo y medio. La celebración reunió a estudiantes, docentes, asistentes de la educación y equipos directivos en un espacio de oración, reflexión y agradecimiento por la herencia que da identidad a nuestro colegio.
La historia de las Hermanas de la Providencia en Chile se remonta al 17 de junio de 1853, fecha en que un grupo de religiosas canadienses llegó al país encabezado por quien posteriormente sería una de las figuras más importantes de la congregación: la Madre Bernarda Morin. Lo que inicialmente sería una breve escala durante su viaje de regreso a Canadá se transformó en el inicio de una extensa obra de servicio, educación y evangelización que continúa vigente hasta nuestros días.
Décadas más tarde, el 24 de febrero de 1894, las Hermanas de la Providencia arribaron a Temuco para fundar una nueva obra educativa y social, dando origen a una presencia que marcaría profundamente el desarrollo de la ciudad y de la educación en la región. Desde sus primeros días, las religiosas impulsaron una escuela gratuita, un pensionado y diversas acciones de apoyo a las familias más necesitadas.
Durante la celebración, el Padre Giglio Linfati destacó la figura de la Madre Bernarda Morin y la vigencia de su mensaje para las nuevas generaciones.
“La vida de Madre Bernarda Morin nos enseña que la fe debe traducirse en servicio concreto a los demás. Ella supo reconocer a Cristo en quienes más necesitaban ayuda y dedicó su vida a educar, acompañar y dignificar a las personas. Hoy estamos llamados a mantener vivo ese legado mediante el respeto, la solidaridad, la humildad y el compromiso con nuestra comunidad. Su ejemplo nos recuerda que las grandes obras nacen de la confianza en Dios y del amor puesto al servicio de los demás”.
La comunidad educativa agradeció esta instancia de encuentro espiritual, que permitió recordar las raíces de nuestro establecimiento y renovar el compromiso de seguir formando estudiantes inspiradas en los valores que guiaron la misión de las Hermanas de la Providencia y de la Madre Bernarda Morin, cuyo legado continúa iluminando la labor educativa y evangelizadora del colegio.







